Hace ya casi un siglo el escritor cartagenero Pedro Sondereguer, sin conocer el Chocó, escribió la novela “Quibdó” que se convirtió en todo un best seller, publicada en Editorial Maucci hermanos en Buenos Aires –Argentina en 1927, 257 páginas con un retrato narrativo de su sociedad pujante y visionaria en una ciudad que emergía en la selva con enorme progresismo.
“Colombia no
podrá considerarse un país civilizado mientras el Chocó no haya acelerado el ritmo
de su avance hasta igualar el ritmo del progreso general del mundo “
Pedro Sondereguer
En su artículo “El Chocó y Pedro
Sondereguer” el profesor Matías Bustamante Meza se preguntaba de entrada ¿Qué
chocoano medianamente culto ignora el nombre de Pedro Sonderéguer? Con orgullo
podemos asegurar que ninguno, se respondió y agradeció al célebre escritor con
estas palabras” Llenos de profundo
reconocimiento seguimos la fecunda labor que el eminente escritor y pensador
está llevando a feliz término en pro de los intereses de esta privilegiada
sección de la República de Colombia.
El
nombre de Pedro Sonderéguer es pronunciado con veneración por todos los labios
chocoanos, y cuando supimos que estaba en la ciudad de Cartagena, por allá al
finalizar febrero de este año, ansiamos que hubiera venido a palpar de cerca
nuestros problemas y a recibir la demostración viva de nuestro cariño fraterno,
él que tantos títulos ha conquistado en los corazones de los hijos de esta
selva querida, y más en los de las personas de la villa de San Francisco de
Asís, Quibdó , por Sonderéguer apellidada tantas veces <la ciudad amable>[1].
El Chocó ya lo hemos dejado dicho tiene una deuda inmensa de gratitud para con Pedro Sonderéguer, ya que en contadas ocasiones nos es dado contemplar una decisión tan completa, un cariño tan integral, un amor tan elocuente por una cuestión o asunto, como el que está demostrando por los negocios del Chocó Pedro Sonderéguer. El ánimo se maravilla del acabado conocimiento que posee Sonderéguer del Chocó y de cuanto al Chocó hace relación. ¡Y qué entusiasmo el suyo por nosotros! ¡Qué patriotismo ese del ilustre pensador de Villanueva que lo ha llevado tan adentro en los asuntos del Chocó hasta consagrar un libro, un bellísimo libro a la capital de la Intendencia! Pero no un libro simplemente novelesco y fantástico, sino una obra honda y de pensamiento, ora por el estilo que es claro y diáfano como el de los prosadores del siglo de oro de la literatura castellana, ora por el realismo, ni un momento exagerado, con que describe la región chocoana, ora por los infinitos matices de psicología humana con que supo rodear y pintar sus personajes, y ora, en fin, por las vastas proyecciones del más puro nacionalismo que imprimió a la hermosísima novela «Quibdó».
La
crítica contemporánea se ha encargado de analizar detenidamente la novela
«Quibdó» de Pedro Sonderéguer y los elogios de expertos escritores la han
proclamado como una producción brillante en su género.
El
fervor del público está demostrado con la tercera edición que lleva «Quibdó» en
menos de medio año desde su primera impresión. Lo que más nos llama la atención
de la novela <Quibdó» es la nítida perfección, casi asombrosa ya que
Sonderéguer no conoce estas tierras que han sido teatro escogido para el
desarrollo de su novela-con que describe la situación geográfica de la comarca,
el adelanto debla ciudad de Quibdó y la perspectiva del cercano porvenir
fincado en el progreso actual.
Muy poca es la diferencia entre lo dicho por Sonderéguer de la ciudad de Quibdó y la palpitante actualidad. ¡En la pintura del estado de alma de sus personajes no existe exageración, ni llega al terreno de lo inverosímil! Las pasiones son muy humanas y en esto sus personajes son gente de carne y hueso. A Pedro
Sonderéguer
se puede aplicar los conceptos de Manuel Bueno refiriéndose al autor de «Noches
fantásticas», José Kersel. «Es la generación literaria dice Bueno que ha
suplantado a los viejos maestros en el arte de divertir a una sociedad, con la
exposición más o menos fiel de sus virtudes y de sus vicios, que a eso se
reduce el arte de la novela
Kersel
atrae nuestra atención y nuestra simpatía por la honradez con que se interna envías
almas y por la precisión con que se informa de todos los elementos materiales
con que entreteje y urde la realidad, la atmósfera en que se bañan los seres y
las cosas.
Como muestra de la clarividencia Pedro
Sonderéguer describe en su novela
“<Quibdó>
los espectáculos chocoanos, transcribimos este artículo con la parte final de
la novela, pinceladas soberbias para pintar un aguacero chocoano, e insertamos
también la descripción que del mismo espectáculo hizo en el año pasado un
escritor chocoano:
«El cielo se cubrió de tinieblas. Nubes negras, enormes, desmesuradas, se fueron amontonando en tropel, como una manada de colosos. Los bosques inmediatos a la ciudad batidos por el viento, dejaban oír pavorosos aullidos. Los árboles se doblaban, se erguían, volvían a inclinarse hasta tocar el suelo. Algunos no se levantaban más, cayendo a tierra con horrido crujido. De los matorrales, surgían alaridos que permitían pensar que se quejaban. El monte bramaba como un monstruo atravesado por mil lanzas. El soplar del huracán producía aterrador estruendo. Los techos de paja se erizaban como el lomo de un tigre que se encrespa ante el peligro Súbito, al par que aquel fragor inmenso parecía llenar el mundo, cruzó la asustadora sombra, con inseguro rumbo, un rayo de luz y las martirizadas cosas brillaron tétricamente. A lo lejos empezó a retumbar el trueno y, como dando saltos y tumbos en el infinito, se acercó velozmente y se alejó de nuevo hasta perderse en el espacio. Piafaban bridones gigantes. Rugían dragones hambrientos. Otro funesto rayo rubricó el amplio horizonte y a ese siguieron otros, con rapidez vertiginosa, en sucesión interminable. Los truenos, en horrísona competencia, no dejan escuchar los lamentos de la selva».
La novela" Quibdó" fue juzgada
incluso por el ex presidente de Colombia Laureano Gómez, quien no escatima en
elogios, según registró en primera página el periódico ABC de Quibdó en marzo 22
de 1928." La obra es una apología de
la ciudad y la comarca; un canto de ilusión y de fe. ¿Estuvo acertado
Sondereguer al escoger la forma novelesca para realizar su propósito de animación
y de propaganda? Acaso su libro publicado en Buenos Aires, en una editorial que
sabe dar a sus productos una vasta circulación.
exclusivamente en la forma de cuadro o ambiente de una novela podía
conseguir Sondereguer, que algo referente a la región del Chocó fuera leído por
ojos porteños no especializados en geografía o estadística. Tal vez sólo bajo
el disfraz de diálogo entre los protagonistas era posible dar al grueso público
de América alguna noción sobre las inquietudes mentales de la época presente, y
sobre el curso de las ideas en materia de civilización, de filosofía y de ética
o sobre las fuerzas oscuras y dominadoras que conmueven las agrupaciones
humanas”.[2]
¿Habrá que decir que por la vieja ley del conato este propósito didascálico no se consigue sin mengua de los puros cánones estéticos?" Sondereguer ciertamente no ignora la perfección de los dos géneros que ha entremezclado en su último libro. En la Critica del genio, en Los Fragmentarios, en El pensador, ha trazado en un estilo muy terso, páginas de profundo y reposado pensamiento. La propia materia novelesca ha sabido manejarla en sus libros como Todo el amor...La que las mujeres no saben, Catedra de seducción», Las fuerzas humanas y otros varios que obtuvieron un extenso renombre en Buenos Aires y en los que el talento y el arte abordaron temas especialmente difíciles. En tales obras a veces, suele poner mayor cantidad de veneno que de tónico, un dosifica esto con tal astucia, que se transforma en el primero. Algunas de sus novelas obtuvieron en la gran capital Argentina el discutible honor de ser retirada de la circulación por la policía.
En su
novela Quibdó es notable el esfuerzo de reconstrucción del ambiente, que por
dilatada ausencia debido ser hecho por documentación indirecta, lo que realza
el mérito de su fidelidad. La trama, aunque sencilla, es amena e interesante.
Pudiera reprochársele el concepto persa con que reparte cualidades y virtudes,
excepto la belleza, que le otorga por igual a manos superabundantes entre los
dos protagonistas” escribió el expresidente Conservador
en extenso artículo que publicó el ABC en dos entregas.
Según Fernando
Mora Meléndez en su ensayo Quibdó cosmopolita “Las descripciones del paisaje, la atmósfera y hasta los diálogos de
los personajes, en sus hablas locales, las recreó a partir de las descripciones
que le hiciera su amigo Reinaldo Valencia, que antes se mencionó como el hombre
de letras y propietario del diario ABC. Cierta o no la noticia de que Sonderenguer
nunca estuvo en la capital de la intendencia, se le abona la intrépida aventura
de fabular el mundo de la élite inmigrante, un barrio bucólico, el Jardín del
Norte, donde hay palacios y casas solariegas, autos de motor y ferrocarril. El
relato, escrito y publicado en Buenos Aires, en 1927, es en el fondo una novela
de anticipación, aunque realista, que narra ese sueño de transformación que proyectaba
la mulatocracia en clave de ensoñación futurista. Así que, más allá de
enjuiciar los aciertos literarios de Sonderenguer, su novela, Quibdó, se
convierte en una metáfora del anhelo de fundar una urbe cosmopolita a la orilla
del Atrato. La idea, como hemos visto, no se aleja para nada de las obras
arquitectónicas de Luis Llach en la ciudad, de sus planes urbanísticos o de
otra serie de invenciones técnicas e industriales que se instauraron en el
Chocó antes que en cualquier otra provincia. No hay que olvidar que su autor
era ingeniero como el padre, y detrás de este aparente delirio modernista ya
existían de verdad algunos inventos asombrosos como los canales interoceánicos,
la telegrafía y otros artilugios, difíciles de pensar en un enclave minero y mercantil
como Quibdó”[3].
Sobre Sondereguer, se conoce que nació en Cartagena donde cursó el bachillerato. Muy joven abandono el solar patrio emigrando a tierras extranjeras en busca de fuentes culturales para calma el ansia ardiente de nutrir su poderoso cerebro. Estuvo en Jamaica, en Estados Unidos, en Inglaterra, en Centro América, en Chile y definitivamente se radicó en Argentina en Buenos Aires, donde fue miembro de la redacción del diario “La Nación”, ciudad desde donde seguía atentamente los sucesos del Chocó e intercambiaba correspondiente con algunos dirigentes chocoanos que conoció en Cartagena como Jorge Valencia Lozano, Emiliano Rey y Delfino Díaz Ruíz.
Como escritor logró un gran reconocimiento
a nivel mundial, luego de la aparición de sus obras "El pensador",
"Los fragmentarios", "Cóndor", "Crítica del genio”, un
cúmulo de novelas cortas y cuentos de muy buen recibo por la crítica
latinoamericana. Este personaje y su biografía hacen parte del libro Grandes
del Chocó,
Fue todo un estadista y diplomático que tejió
un conocimiento de la realidad chocoana y de la importancia estratégica de la
región, con sus posibilidades de conexión y expansión. Fue tal el acercamiento
a esta realidad que le permitió escribir la novela" Quibdó "que ante
su realismo y prosa y sello del célebre escritor se convirtió en un Best seller
para los chocoanos, que hoy pasa el siglo de su publicación.
Efraín
Gaitán en su obra el Chocó de la A a la Z lo describe como," Periodista, novelista y comediógrafo, algunos dicen que nació
en Villanueva (Bolívar) en 1884, y otros en Riosucio(Chocó). Sonderenguer es
seudónimo, nombre de combate literario: se ignora su verdadero apellido.
Recorrió casi todos los países de América; en Chile permaneció varios años,
pero luego se radicó en Buenos Aires. Publicó varias revistas y no menos de 20
novelas[4].
Y reafirma lo dicho por otros autores que
el escritor “ No conoció a Quibdó. Lo
conoció a base de recortes de prensa y como se ha dicho con la información
suministrada por algunos de sus amigos chocoanos, armó la novela" Quibdó
" y luego" Tragedias de Quibdó "donde proporciona un
conocimiento claro acerca de la geografía de este departamento. Allí habla de
pueblos como Campobonito, El Tambo, Neguá, Condoto, Opogodó y otros muchos, más
o menos con precisión y exacta descripción”.
Un
amigo del Chocó
Sondereguer fue un gran amigo, defensor y
promotor de las potencialidades del Chocó y de proyectos como la vía
Panamericana y el canal interoceánico a través del río Atrato por el Chocó, la
importancia del puerto de Quibdó y de la carretera Quibdó - Bolívar, temas
sobre los cuales escribió en la prensa nacional.
A raíz de la publicación de la novela el
Consejo de Administración de la Intendencia le rindió un homenaje al destacado
escritor, enviándole una placa de oro, con la siguiente inscripción :El Chocó a
Pedro Sondereguer, el más desinteresado de sus defensores y propagandistas y el
que ha vislumbrado mejor su futuro grandioso[5].
Su obra ha interesado a varios investigadores
cono Maryluz Vallejo en la Colombia de Pedro Sonderéguer desde la atalaya
bonaerense de La Nación, donde se ratifica la profunda conexión de Sondereguer
con el Chocó.
“Pero
ningún proyecto obsesionó tanto a Pedro Sonderéguer como convertir al Chocó en
potencia nacional. En un artículo publicado en El Tiempo el 26 de
diciembre de 1924, se preguntó por qué no se había proyectado un ferrocarril en
Quibdó que pusiera a Bogotá en comunicación directa con la Costa Atlántica: “La
capital quedaría así unida a los dos océanos, con lo cual ganaría mucho la
civilización de la República”. Y termina haciendo un llamado para que el
Gobierno se ocupe de la “pintoresca capital chocoana. No es cuerdo dejar al
Chocó en el abandono en que se ha tenido hasta ahora […] El porvenir de Chocó
es incalculable”[6].
“Quizá
para lograr más rápidamente su propósito acudió a la ficción, género que le
había proporcionado miles de lectores en el hemisferio. Así
publicó Quibdó, en 1927, que puede leerse como un himno a ese departamento
y como una novela de tesis que le pone un escenario paradisiaco y personajes
atrayentes a sus ideas sobre la colonización y la inmigración (ojalá europea).
Allí ofrece el retrato de una pujante ciudad, habitada principalmente por
“blancos”, muy diferente de la capital chocoana que hoy conocemos, la más pobre
del país y con mayor población de afrocolombianos. Se desconoce cuándo visitó
esta región del país, pero tenía información detallada que seguramente le
proporcionaban sus fuentes,15 e incluso en su archivo conservaba un mapa
hídrico del Chocó fechado en 1928.
Esta
novela lo llenaba de orgullo, como se puede inferir por todas las menciones que
hizo de ella en distintos momentos de su vida. En El Diario
Ilustrado de Santiago de Chile (5 de febrero de 1928) habló así del Chocó:
Hay
allí platino, la primera exportación del mundo; oro en cantidades fabulosas,
por lo que se le llama “la patria de oro”, mezclado con platino se ha
descubierto la existencia de radio: caucho, maderas industriales de tintes,
plantas medicinales, cacao y muchas otras materias primas. Caudalosos ríos
cruzan esta región formando una estructura de comunicaciones de acceso al
océano Pacífico. Sirve de capital a esta vasta región, Quibdó, ciudad
convertida en la actualidad en una gran factoría con negocios mineros de
envergadura, y adonde llegan hombres de todas las regiones del país y del
exterior.
Con
entusiasmo acumulado, en una entrevista que le hizo Mundo al Día,
Sonderéguer pintó la región del Chocó como “una nueva California. Una región de
riquezas fabulosas que atrae a hombres de todas las nacionalidades” (12 de
febrero de 1931).
Este
interés lo llevó a dirigir en 1926 una carta al mandatario del Chocó, Jorge
Valencia Lozano, donde le esbozó un proyecto para llevar progreso a la región
del Atrato y San Juan. Según sus cálculos, el municipio16 podría obtener
la concesión dentro de su territorio de unas 20 000 ha de baldíos, dividirlas
en lotes de 200 ha y distribuirlas entre 100 familias no chocoanas, a las que
convocarían por la prensa de grandes ciudades y de La Habana, donde hay muchos
españoles. “Para que el Chocó progrese hay que hacer de ella una ciudad
populosa”, era su propósito. Lo curioso es que insinuara que fuera poblada por
personas “no chocoanas” (ABC, Quibdó, 21 de abril de 1926).
Poco
después, en un artículo publicado en El Tiempo, Sonderéguer afirma que
Colombia se ha gobernado con torpeza desde que existe, y el principal mal se
debe a estar la capital tan lejos de la Costa. Por ello, la mayoría de los
lugares costeros están en el abandono. Sugiere nuevamente un plan de acción
para el Chocó, retomando las ideas ya expuestas:
Crear
en Quibdó una oficina de colonización encargada de medir y dividir las tierras
baldías en lotes de doscientas, quinientas y mil hectáreas (no de diez, como
disponía el proyecto de un ministro miope, para las selvas orientales). Esa
oficina vendería esos lotes a largos plazos a personas que los cultivaran.
Podría, además, facilitar semillas e instrumentos de labranza a los
cultivadores, que vendrían incluidos en el precio de la tierra. Se me dirá que
para realizar ese plan se necesita dinero y que Colombia no lo tiene. El medio
está en la mano: emitir empréstitos y crear impuestos. Colombia es un país sin
impuestos y sin deuda (la deuda que tiene es insignificante) … Ofrezco esta
brasa para entretenimiento de los señores Nieto Caballero y López Pumarejo y
otros economistas colombianos que gusten de jugar con fuego. (El Tiempo, “Hay
que colonizar”, 15 de julio de 1926)
El
Correo de Colombia, de Medellín (25 de febrero de 1928), recogió la sugerencia
de Sonderéguer de que un banco de Medellín fundara una sucursal en Quibdó, para
dinamizar los negocios en esta zona del Darién. También creía que, una vez
terminada la carretera al Mar, Antioquia podría quedar unida económicamente al
Atrato. Finalmente, el periódico manifestó su interés en que se cumplieran los
anhelos “del estadista de verdad que es Sonderéguer”, y que esas ideas sean
sometidas al escrutinio de los financistas de la ciudad.
Valga
añadir que después de exponer el plan, siempre aclaraba que para financiarlo el
Gobierno debería emitir empréstitos y crear impuestos. Solución repetida una y
otra vez en sus artículos”.
En una carta enviada al representante a la Cámara
Delfino Díaz Ruiz, fechada en Buenos Aires, diciembre 20 de 1926, reafirma su
convencimiento frente al Chocó y vaticina “Colombia
no podrá considerarse un país civilizado mientras el Chocó no haya acelerado el
ritmo de su avance hasta igualar el ritmo del progreso general del mundo. Los
buenos patriotas están en el deber de gritar a esa torpe casta que gobierna en
Bogotá desde hace cuarenta años, que el Choco es tierra privilegiada, y no por
sus minas, sino por su valor estratégico, comercial y político; el Chocó es el
rival de Panamá, y mantenerlo aislado y descuidado es traicionar los más altos
intereses del país; que el Chocó puede ser el centro del intercambio de
productos de toda la costa colombiana, desde Puerto Estrella hasta Tumaco.
Abierta la boca y canalizado el Atrato, los buques de gran calado podrán llegar
hasta Quibdó. (Tengo entendido que en la capital chocoana el Atrato tiene ocho metros
de profundidad). Bastaría entonces construir el ferrocarril de Quibdó a Cartago
y una carretera de Buenaventura a Quibdó (doscientos cincuenta kilómetros),
para convertir al Chocó en una de las zonas comerciales más importantes. La
inmigración afluiría allí sin ser llamada. (No hay que olvidar que la Argentina
y el Brasil no atraen ya, como en años anteriores, a los inmigrantes y que los
Estados Unidos no los quieren). Las industrias rurales surgirían sin esfuerzo.
Esos departamentos magníficos que se llaman Antioquia, Caldas y Valle, se
beneficiarían en forma incalculable. Se produciría el florecimiento maravilloso
de toda Colombia, que no tendría que avergonzarse, como ahora, del atraso de
sus costas”.
[1] El Chocó y Pedro Sondereguer por: Matías Bustamante Meza Revista
del Chocó, órgano de información y propaganda de la Intendencia Nacional del Chocó
No 2 abril de 1928
[2]Periódico ABC No 1620 de marzo 22 de 1928
[3] Quibdó
cosmopolita, Fernando Mora Meléndez, Universo Centro Número 88, julio 2017
[4] Efraín Gaitán en su obra el Chocó de la A a la Z, Editorial el
Mundo,2007
[5] El Tiempo, abril 11 de 1928
[6] Vallejo,
M. (2019). La Colombia de Pedro Sonderenguer desde la atalaya bonaerense de La
Nación. Palabra Clave, 22(4), 1099-1130.
DOI: https://doi.org/10.5294/pacla.2019.22.4.5




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